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¡Felicidades, Santo Padre!

Por sus años, ¡felicidades!

Por sus trabajos, ¡gracias!

Por sus sufrimientos, ¡bendícelo, Señor!

Por sus intenciones, ¡estamos contigo!

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Nuestro “Alacoque”

La beatificación el próximo domingo del P. Bernardo de Hoyos supone un haz de luz misteriosa en la vida eclesial española. ¿Qué nos dice a nosotros este joven de apenas 24 años, sacerdote misacantano jesuita que, en poco menos de tres años llevó por toda España la dulce noticia de la devoción del Corazón del Señor?

Seguramente muchos dirán que nada. Había que beatificarle, como ya llevaba tanto tiempo en el cajón de los beatificables… Es alguien del pasado. Y quienes le veneran, añoran ese idílico pasado.

Pues no. Ciertamente, el P. Hoyos no sería tal sin su época, sin su ambiente, sin sus biografías almibaradas… pero no podemos olvidar que un hombre es algo más que su tiempo. Los santos son un mensaje de Dios, y como viene de Dios, vencen las rutinas y los tiempos, y aparecen siempre nuevos.

Nuestro “Alacoque” es más nuevo que nunca, porque en medio de tanto bamboleo -las olas de la crisis nos llevan y nos traen de la amargura al desconsuelo- necesitamos ver alzarse serena la quilla de Cristo y la victoria segura de llegar a puerto. Y ¡qué puerto! El Reinado social de Cristo no es materia de la historia -la carcahistoria- sino la esperanza de los cristianos, que luchan y aman.

La gran promesa resuena aún como un grito profético, como un alba despuntante. Reinaré en España… sí, Jesús nuestro, aquí tienes tu trono, tu cetro y tu corte porque, Corazón de Jesús, no sabemos gobernarnos.

El domingo no se cierra una historia, si no que se pasa página, y página hermosísima, rubricada por Dios, en el discurrir de los días hacia la recapitulación de todo y todos en Cristo cabeza. Y esa es nuestra única esperanza.

¡Beato Bernardo de Hoyos, ruega por España!

Ultracatólico

Me ha chocado esa denominación para el pobre presidente polaco (q. e. p. d.). Venía conduciendo, y es lo que tiene la soledad del conductor, que da por pensar.

Ultracatólico: ¿se puede ser más católico que universal? En el fondo es una redundancia, porque no puede ir más allá quien ya ha acogido todas las cosas -bajo un mismo principio, su Cabeza- en su fe existencial.

Ya, ya sé lo que estáis pensando… que tiene connotaciones políticas no muy positivas. Pero esas connotaciones quizá sean las que salven una verdadera política cristiana, las determinaciones que hacen que sea un servicio constructivo de la fe a la sociedad y no un mero vomitivo, como tanto político de inspiración cristiana que deja mucho que desear.

Ultracatolíco, tradicional, papista, dogmático… redundancias que el Malo usa en contra de la fe y de la razón, porque va a por todas. Y va perdiendo la batalla.

Turbulencias

La temporada viene cargadita.

No es casualidad que en el cenit del año sacerdotal sean los casos de pederastia los que lleven a portada los titulares de sociedad/religión. Ni es fortuíto todo el furibundo ataque a los signos religiosos a la par que la encuesta en que los moros se sientan a gustísimo en nuestra patria.

No. No es por ser catastrofista ni conspiranoico, pero cada vez me parece más evidente que todo esto es sobrenatural. Y que por encima de partidos y de sectas (masones) es el Malo el que mueve hilos.

A parte de las idioteces de la Aído, y de las chuminadas de sus adláteres, que a cualquiera con frente haría quererlas ver desaparecer, la perfidia es tal que está intentando en los anawin “cathos” una rebelión tipo “¡queremos que vuelva Constantino (o Franco, que lo mismo da)!

Bueno, en realidad lo que querríamos es un partido político que defendiera los valores y banderas de la fe. Pero eso sería vendernos. Tal cual. Porque tratar de vencer con las armas del adversario, en esta ocasión, significa dejarnos vencer por el adversario. Y la política democrática -partitocrática- es la victoria de los malos.

¿La solución? Resistir, empuñando las mejores armas y apuntando a lo más alto. Y cuanto más nobles sean los ideales, más levantaremos vuelo.

Domingo de Ramos

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